jueves, 26 de abril de 2012

Desde el oscuro lugar en que me encuentro...

Suspiro.
- ¿Qué te pasa, Ishys?
- Tengo miedo, Drako. Tengo mucho miedo.
- ¿Miedo? ¿Mi hermosa dama? ¿De qué?
- De despertarme un día, ver que todos os habéis marchado y saber que no vais a volver.
- Lo dices por Kael y Aro de Plata.
- Y por Bob y por ti. ¡No me mires con esa cara! Sí, odio a Bob. Bueno, no le odio... ya no es un extraño y es el que cuida de mi Dragón.
- Volverán, siempre vuelven. Y yo estoy aquí, contigo.
- Tu estás aquí porque estás encadenado, sino ya te habrías ido. Además... ¿Cómo estás tan seguro de que volverán? Cada vez se ausentan más tiempo, el periodo de espera es más largo y cada segundo de esa interminable espera se me antoja infinito... ¿Cómo sé que van a volver? Sé que son (que sois) espíritus libres, que no estáis mucho tiempo en el mismo lugar... y yo soy la única que permanece en un castillo, sola, sin más compañía que mis piedras.
- Eso no es verdad. Tú eres el único lugar al que podemos volver y que sabemos que no nos va a fallar. Y yo no me voy a ir a ninguna parte, me cuidas muy bien y a mí me gusta la buena vida.
- No, Drako. Tu también me dejarás algún día. Y yo siempre os estaré esperando aunque no vayáis a volver... Tengo mucho miedo.
- Te preocupas demasiado, Ishys.
- Me preocupo lo necesario, Drako.
- Te quiero, Ishys. Siempre estaré contigo.
- Te quiero, Drako. Pero no me hagas promesas que no puedes cumplir. Ambos somos eternos, pero siempre es mucho tiempo.
Suspiro.

No van a volver, Ishys. Deja ya de esperarlos.
Espero que esto sea fruto de la presión que sufro en estos momentos.
Seguro que sí, mi pequeña Ishys, seguro que sí.
Tú nunca me dejarás, ¿verdad Rovin?
Yo siempre estoy contigo.

Drako tiene razón. Volverán, siempre vuelven.
¿Verdad?