Querido Rovin:
Otra vez estoy aburrida y otra vez pienso en lo distinto que sería todo si estuvieras realmente aquí y no sólo en un rincón de mi mente. Probablemente mis notas serían mejores y yo sería otra persona. Sé que no debo pensar así porque entonces todo lo que quiero ahora no lo tendría; y tú me recordarías que no vale la pena perder muchas de las cosas que quieres por volver a tener a una persona a tu lado.
Todo llega y se marcha cuando tiene que hacerlo. Lo que llega y se queda para siempre existe también, pero tendemos a fijarnos sólo en lo que se ha ido. Yo no soy menos. A veces hecho de menos esa parte de mi vida en que mis amigos me despreciaban para algunas cosas y me adoraban para otras, te echo de menos a ti y a la tía también aunque nunca la mencionemos ni hablemos de ella, echo de menos los momentos de mi vida en que creía que mis amigos no eran crueles conmigo y lo más preocupante era saber si tal o cual tenía razón en una discusión cualquiera sobre un tema cualquiera. Echo de menos muchas cosas y aún no me he desprendido de las personas que fueron una carga para mí. Supongo que la lealtad también da asco a veces.
Pero todo lo que he vivido me ha enseñado un poco más sobre cómo enfrentarme a la vida. He aprendido que los amigos que llamamos "de verdad" no te amargan la vida el 99% de las veces, más bien al contrario, la hacen más llevadera. También he aprendido a ver (aunque todavía me queda mucho por recorrer) las cosas importantes por las que vale la pena discutir y cuales no. Ejemplo de esto último es la universidad; he aprendido a que las discusiones sobre los exámenes me resbalan, que las discusiones entre personas de clase me resbalan y que eso de que la forma de vestir te etiqueta en una clase u otra también me resbala. Como dice mi dragona, mi Ishys interior se levantaría a por un té y unas pastitas para acompañar en situaciones como esas y se dedicaría a demostrar la inmensa atención que considero que merecen todas esas cosas: beberme el té a sorbos, con la espalda bien recta y pensando en cómo celebrar un cumpleaños que será, según mi agenda, dentro de un año exactamente.
También he aprendido a manejar las situaciones que me rodean, dependiendo de qué personas me rodean. Puedo reaccionar con una mentira tan creíble como si fuese verdad, sin despeinarme y sin que me pese en el alma o puedo reaccionar siendo sincera con esas personas y mostrando lo que pienso y siento con total tranquilidad. Siempre he sido un libro abierto para algunas personas sin que me cueste lo más mínimo y me gusta pensar que esas personas lo son conmigo (no porque sepa leerlas, sino porque se dejan leer). A veces son tan desconsiderada con algunas personas que me asusto al descubrirme tan falsa o más que cualquiera de las personas que detesto.
Sí, soy falsa.
No me importa reconocerlo, en absoluto. Es más, lo llevo tatuado en la frente para que algunas personas más falsas que yo lo lean y se marchen (aunque nunca me ha servido ese método, pero sigo intentándolo). Quizá decir que soy falsa no es del todo correcto, más bien soy cortés con la gente que ni me va ni me viene; pero ese término solo lo comprenderían cinco personas, por lo que falsa es el siguiente termino a emplear para definir esa faceta mía.
A veces pienso en que una forma de saber si una persona es falsa o no es preguntarle abiertamente o discretamente, si lo niega será falsa. Aunque normalmente puedes adivinarlo por la conversación que mantienes con esa persona, de la otra forma te ahorras algo de tiempo. En mi defensa, diré que no soy tan falsa como esas personas que te adoran el primer día de clase y cuando vienen a pedirte apuntes.
Toda esta filosofía venía de mi aburrimiento en la biblioteca esperando a que sea mi hora de clase; biblioteca que, por cierto, utilizamos los alumnos cuando queremos saber que sienten los alimentos en nuestra nevera y ante cuya vigilante no me importaría mostrarme cortante y superior respecto a que pongan el aire a una temperatura ambiente de 25 grados en lugar de los 80 grados bajo cero a los que nos someten todo el año. Que sí, que el frío protege nuestras neuronas de estallar por el esfuerzo mental que hacemos durante las 24 horas del día, pero los músculos se ralentizan hasta ser incapaces de impulsar a las neuronas a que hagan sinapsis... por lo que, a fin de cuentas, es contraproducente.
Aquí basan su filosofía en lo siguiente: puestos en el burro y llegados a Tejeda, pasemos de largo y demos vueltas.
Me alegra pensar en ti tan a menudo y que, cuando no te pienso, te sienta conmigo. Siempre estoy acompañada y por ello no me siento sola, ni siquiera en las deprimentes horas de comida solitaria en la cafetería, mirando el portátil para disimular y parecer interesante mientras todos te miran y piensan en lo deprimente que debe ser tu vida social si estás comiendo sola en la cafetería de la universidad. Claro que sus neuronas no hacen las suficientes sinapsis al día para pensar que tu vida social es más sana y más interesante que la suya propia.
Me alegra pensar que algún día me desprenderé de forma definitiva de esas personas que son un lastre para mí, ya que ellas han superado mi partida hace ya bastante tiempo (lo que demuestra lo mucho que me ha apreciado la gente a lo largo de mi vida). Personas con nombre propio todavía y que no voy a mencionar porque todos sabemos de quienes se trata. Por ahora sólo son fotos del facebook y comentarios sueltos del tipo "te acuerdas cuando" o "te acuerda de" en alguna conversación con personas más actuales e importantes de lo que nunca fueron ninguno de ellos. Algún día perderán también su nombre y toda la influencia que pudieran ejercer sobre mí a día de hoy.
Aquí, en mi Castillo, la piedra se vuelve fría en ocasiones e invita a pensar en cosas desagradables. Otras veces, la piedra se vuelve cálida y me invita a recordar momentos o personas (según que personas). Lo común en ambas ocasiones es que la soledad me permite disfrutar de mis pensamientos y pensarlos sin interferencias ni interrupciones. Adoro la soledad que queda en mi Castillo cuando todos los que revuelven mi vida se han marchado. Me gusta la calma y la soledad, por eso las disfruto siempre... tanto como me gustan esos momentos en que mi vida se vuelve patas arriba gracias a todos esos culos de inquieto asiento, aunque les dediques las almohadas más mullidas del salón, que invaden mi vida y la colman de dicha y felicidad.
Tengo un pasillo para dedicar por entero (sus paredes) a recordar a las personas que alguna vez pasaron por mi vida y que creí importantes (si lo fueron o no lo veremos en otro capitulo) y otro pasillo para dedicar sus paredes a las personas que a día de hoy llenan mi vida de momentos irrepetibles para bien o para mal. De vez en cuando me gusta recorrer esos pasillos en soledad, detenerme frente algunos retratos y recordar porque esas personas llegaron a mi vida, porque se fueron o se quedaron y qué me han aportado de valor.
Algún día tengo que hacer un recorrido completo pon mi Castillo y mencionar sus salas, columnas y los objetos o curiosidades que posee o que son más importantes para mi. Como un recorrido por los aposentos de mi cabeza.
Acabo de recordar que debería hacer algo más productivo con mi tiempo y adelantar trabajo, pero voy a tener todo el fin de semana para ello, así que disfrutaré de mi tiempo en soledad. Lo que sí haré es organizarme la agenda, esa tarea para la que nací.
A día de hoy reconozco que nací para gobernar mi propia hacienda, organización y administración, sin necesidad de estudios. Me viene de familia, lo llevo en la sangre.
Que felicidad la mía. ¿Verdad, tio Rovin?
Creo que este 1 de Noviembre iré a visitarte y a tocar tu puerta. Si no lo hago es porque sabes lo que me pasa ese día y si decido superarlo y hacerlo, espero que te molestes lo suficiente para reírte en mi cara, igual que el día que me dejaste. Y yo sonreiré pensando que aún conservas el sentido del humor. Porque a ti, la muerte siempre te pareció la mejor ocasión para dar la nota y reírte de los que nos quedamos aquí, ignorantes de la vida. A mí siempre me parece que es la broma de peor gusto que nos has contado. Pero me alegro de que tu humor siga intacto.