De nuevo toca esperar que pasen dos días para vernos. ¿Pero qué son dos días? Nada. Pues eso. Dos días.
Viernes fue uno de los días más esperados para mí. Triqueta y caballos. Lo necesitaba mucho, así como todos los momentos épicos que se producen alrededor de esos elementos en mi vida. Como el señor que quiere hacernos entender que buscar dejar descendencia junto a las ollas y fuegos en una cocina mientras nosotras comemos ramen. Como demostrar una vez más que disney es un concepto que todas mantenemos vigente en nuestra vida o que la gata se convierta en un gato muy conseguido con barba y todo, o que la dragona pretenda comerse mi cabeza sin que yo sospeche que está haciendo monerías detrás de mi.
Tampoco encontrarme con el amor más platónico de mi vida en una obra sobre Jaume I (no, Kael... no es el PLA ¬¬) y reconocerlo a pesar de haber cambiado las pistolas y el polvo del lejano Oeste por una capa negra y cota de malla de caballero hospitalario que acompaña al rey. No pude tener foto contigo para contrastar los hechos... pero estoy segura al 100% de que eras tú. Demasiadas coincidencias, Pedro de Egea, para no caer en la cuenta que eras tú. Y qué guapo estabas.
El fin de semana lo pase tejiendo mi bufanda de Ravenclaw esperando para el siguiente momento épico... el lunes.
Mientras hagan Isabel en la primera a las 22:30 de la noche... yo amaré los lunes. Y cuando dejen de hacerla... la volveré a ver capítulo a capítulo para seguir amando los lunes hasta la siguiente temporada. Si los creadores de esa serie supieran de nuestras habladurías nos pasaban a nosotras el guión de la serie para arreglarlo como toca... que pronto invadiría el judío duro la pantalla y que pronto volvía la gorda Pacheca a meterle un guantazo a la reina Isabel... Y que pronto llegábamos a cortarle la cabeza a Isabel de Solís por puta, a que la gata violase al Zagal en todas las formas posibles (y él se dejaría... claro), a que la dragona le metiese la bronca de su vida a Boabdil, a que yo me casase con el Judío Duro (porque todas sabemos que necesitamos uno en la familia) y por último y no menos importante... a pasar por el IKEA de camino y apoderarnos de la Al-Hambra metiendo nuestros muebles suecos.
Cuanta tontería tienen los guionistas y que falta hacemos allí para restaurar el orden.
Con todo esto puedo decir que amo los lunes, que amo cada día que volvemos a estar juntas y que os amo en general. Me dais la vida entera y no veo nada mejor que aguantaros las tonterías.
You light up my world like nobody else...