Hace muchos años ya, yo tuve un amigo cuyas preferencias musicales estaban con el rap (lo dejo aquí porque de este mundo no sé absolutamente nada y no soy amiga de hablar de algo que no conozco como si fuera experta). No sé qué escuchaba exactamente, si tiraba más por una corriente o todo en ese género musical le gustaba. No tengo ni la más remota idea.
Recuerdo de él que era guapo a rabiar, a su manera. Porque no podíamos decir que era guapo exactamente. No era del tipo Legolas, ni del tipo Aragorn, ni del musculoso tipo de algunos actores, que por entonces nos traían a las quinceañeras locas por esos años. No era nada de eso.
Él era cruel a veces con el mundo que lo rodeaba, estaba enfadado con el entorno que nos rodeaba aunque nunca, jamás, le escuché una mala palabra o le vi una expresión de enfado. Era amable siempre, gracioso, simpático y en el camping tenía un club de fans que lo perseguían por donde fuese.
Recuerdo que, desde el día que Patri nos lo presentó a todos en unas vacaciones de Pascua, sentí una especie de admiración por él muy extraña. A veces creía que era amor platónico, pero recordándolo ahora (con supuestos más años de experiencia) lo veo como esas personas que te generan una lucha doble de pensamientos y emociones. Por un lado era el chaval que ningún padre, de los que éramos en el círculo, hubiera querido para nosotras, sus hijas. Era un tipo de los de skaters, tan mal vistos en nuestra época adolescente; además vestía siempre de negro (fijo que era un loco satánico escapado de alguna secta, alguna que otra pareja de padres lo tuvo que pensar) y encima hablaba muy abiertamente de temas como drogas, la muerte y lo que la rodea, etc. Temas escabrosos que algunos padres tienden a evitarnos. Por otro lado, era el rebelde que todos queríamos ser algún día. Representaba ese anhelo rebelde de gritarle a la sociedad quienes somos y que estamos aquí.
Yo lo recuerdo como un chico que tenía las ideas más claras que nadie. Y estoy convencida de que cumplió su sueño de "¿que quieres ser de mayor?". Siempre que le pregunté sobre eso su respuesta era: Yo de mayor voy a ser porrero hasta matarme.
Nunca supe si era broma o no. Quería pensar que sí, pero si ahora me dijesen que se dio a fumar hasta matarse; no solo me lo creería, sino que le recordaría con cierto orgullo.
Mi madre me interrogó sobre él infinitas veces. Imagino que como todas las madres de aquellas que nos relacionábamos con él. Pero no encontró nada de lo que quejarse nunca. Incluso le caía bien. ¡Qué pocos amigos míos podían decir eso!. A veces se acuerda y me pregunta por él. Y otras veces me acuerdo yo y me pregunto que ha sido de él.
Era un chaval que al que no le conocí novia ninguna, aunque sí nos mencionó a una ex. Si le pedías a Patri alguna información, no sabía dártela porque la relación que tenían era extraña para ser amigos. Y yo me preguntaba siempre que lo veía como un chaval tan diferente a todo lo que yo conocía y tan "malo" para mí según la sociedad dictaba entonces, era capaz de tenerlo todo tan extrañamente claro. Y conocer de todo lo que se puede conocer y bastante más de lo que sabíamos los demás, de la misma edad; llevar la vida estudiantil soñada de matrículas y profesores besando el suelo que pisaba y otras virtudes que los que éramos "niños buenos" no tendríamos nunca.
Y además jugaba a rol. De todos los tipos y modalidades. Es por lo que yo más le recuerdo y por lo que más le adoraba. Me descubrió un mundo nuevo donde yo podía ser distinta; ser lo que quería y decir o hacer lo que quisiera para vivir en ese mundo ficticio, aunque otro decidiese con ayuda de unos dados si me salía bien o no. Me dio algo que nadie supo darme y que cambió mi vida bastante, probablemente. Aprendí muchas cosas de él y por ello le doy las gracias.
Le perdí la pista hace años y lo último que supe es que estaba estudiando una carrera considerada como "chunga que te cagas" y recuerdo que pensé que, si alguien podía superarlo con algo mejor que éxito rotundo, era él.
Pero lo que más me viene siempre a la memoria cuando me acuerdo de él, es una tarde de sábado en que nos encontramos en el camping. Y solo había subido yo ese fin de semana, de todo el grupo habitual que éramos. Él venía en busca de los amigos, como cada fin de semana y yo me aburría como una ameba leyendo algo para un trabajo del colegio. Hacía mal tiempo y mis padres se habían ido con mi hermana a dar un paseo con la bici, para ver lo que toda la vida llamaré "las grandes aguas" de mi hermana.
Me propuso ir a merendar a su casa porque su madre había hecho merienda para todos y que había venido a buscarnos por eso. Yo decidí ignorar el aburrido trabajo para pasar la tarde con él y conocer a su familia, porque tenía una curiosidad horrible. Y allá que fuimos.
Todo el camino lo hicimos charrando y recordando cosas que habíamos hecho esa semana y las que solíamos hacer en el camping todo el grupo de amigos (del que recuerdo ahora que nunca me sentí parte, a excepción de dos personas a las que sí consideraba amigos y los únicos por los que me dejaba arrastrar al camping cada fin de semana, como querían mis padres). En su casa, al abrir la puerta, salió una mujer guapísima y elegante a recibirnos, que era su madre. Y me arrastró a presentarme al padre y yo miraba al Reina con cara de "sálvame por lo que más quieras". En ese momento supe cómo se sentía una chica cuando los padres del novio conseguían que su hijo la presentase. Yo me esperaba que sacaran el álbum de fotos de un segundo a otro. Pero ni apareció el álbum de fotos, ni aparecieron los vampiros satánicos que me esperaba como padres.
La verdad es que su intención estaba muy alejada de recibir a "una novia" y el resto de amigos. Simplemente les hacía mucha ilusión conocernos a todos los amigos del camping, porque nunca habíamos coincidido cuando íbamos a su casa a jugar a rol. Pero que mal rato pasé en aquel momento.
Pasé una tarde genial de risas, porque sus padres eran la mar de alegres y divertidos, rodeada de un bizcocho buenísimo y lamentando que Carla no estuviera conmigo, porque alguna vez nos habíamos preguntado como serían los padres del chico que traía a todas locas en el camping. Y el caso es, que esa tarde sonaba rap de fondo. Un tipo hablaba de la situación del país en aquellos años, tan rápido que yo no le entendía nada. Mucho tuve que centrarme en escuchar para entender alguna frase de aquello que se suponía era español y que le encantaba a toda la familia. Era la primera vez que yo escuchaba rap y estaba flipando mucho, como si el bizcocho o el zumo de naranja llevasen alguna droga. Se me escapaba cómo ese tipo de música, donde predominaban los tacos en su mayoría (nunca escuché tanto taco junto en una frase) podía acompañar a una tarde tan familiar donde sólo el hijo encajaba con la apariencia de escuchar cosas tan raras.
Luego, cerca de las ocho, su madre propuso acompañarme a casa en un paseo con toda la familia porque ya era de noche y el camping quedaba lejos como para dejarme ir sola, por un paseo marítimo mal iluminado y desolado por el mal tiempo. Me despidieron el la puerta del camping y así quedó todo; como una tarde de esas que guardas como mágica en tu memoria y que recuerdas como si fuese un sueño. Algo que no has vivido.
De esa tarde maravillosa que pasé "a solas" con él (que malinterpretable me suena ahora, considerando lo cerrado de mente que era el mundo entonces) aprendí y entendí bastantes cosas; confirmé para mi misma que las cosas no siempre son lo que parecen. Y nunca se volvió a hablar de eso. Para mi es un recuerdo tan confuso que si ahora alguien me dijese que en su día lo conté de otra manera me lo creería. Pero lo que nadie me podrá negar jamás es, que la única frase que entendí de todas las canciones raperas que escuché, decía "España va muy bien. Va bien pa' los banqueros..." y ahí me perdí.
Y años después conozco a un tipo llamado "El Chojin", por un vídeo de facebook que compartió mi querida dragona. Y resulta que no solo es una gran cabeza pensante, es que también rapea en castellano. Y la primera canción que le escucho se llama "El mundo sigue girando" y me parece maravilloso ese tema. Me introduce con algo más de éxito en ese mundo musical desconocido para mí que nunca conseguí entender, ni conseguir que me gustase a pesar de lo que me atraía, porque sonaba como lecciones de vida hechas canción.
Y ahora no solo me gusta y lo comprendo un poco mejor gracias a este hombre; además, me trae a la memoria una tarde que yo creía que había perdido en el recuerdo. Dudo que seas el mismo rapero que escuché, pero gracias.