Como ya sabía, mi desahogo a las dos y pico de la mañana no sirvió para nada más que hacer énfasis en que no tengo ganas de la vida y que no sé donde encontrar ayuda anímica. Que vivo en la taquicardia constante desde hace un mes (y lo que me queda) y lo que necesito ahora mismo no me lo van a dar.
Tengo pánico a escuchar ¿qué te pasa? Porque a nadie le interesan mis lágrimas aunque sé que de esto solo se sale así. Cuándo te preguntan y lloras. Despresurizar la cámara. Siempre que hay tormenta, es el protocolo a seguir para que no se hunda el barco. Pero siento dentro la certeza de que a nadie le importo tanto en este momento. Y me asalta la pregunta de "¿si me muero ahora, me lloraría alguien?" Y cómo odio esa duda... Por supuesto me dirán todos que sí me llorarían, pero no puedo saber quién lloraría de verdad y quién lo haría por compromiso. No quiero personas que me quieran por compromiso, pero cómo saber quienes son...
Y encima estoy tan hipersensible que si me preguntan es mejor no responder, porque no me puedo equivocar y soltar alguna bordería porque a día de hoy, todas las sensibilidades están muy altas.
Y yo lo que quiero es lanzar mi hipersensibilidad lejos, como lanza Duque su pelota de papel regalo.
Y levantar un muro de acantilados donde no me alcance nada. ¿Cómo se hace eso? ¿Cómo te deja de importar todo?
Por lo pronto... Seguiré deseando que la vida trate bien a esas personas que necesito. Que les salga todo bien y salgan de sus propios fosos. Porque no veo por dónde tirar para sobrevivir a todo esto que me golpea. Así que mi parte en la vida se la cedo a todos ellos.
Seguiré diciendo que todo va bien y a quién le importe algo no lo podré engañar, pero me quitaré de encima al resto.
Y por último, me quedo con Katie Mcgrath y compañía. Que ahora mismo son mi única vía de escape mientras Kai duerme a mi lado y Duque me ronronea a cambio de mimos, sentado sobre el teclado.
You just stand still, look pretty.