Después de estar todo el día con una sensación rara en el cuerpo... ya es oficial. Estoy triste, triste y decepcionada conmigo misma.
Nunca aprendo, siempre estoy pidiendo consejo a los demás sobre aspectos de mi vida. Esta mañana me he dado de bruces con la pared y espero que sea la definitiva y última. Estoy triste porque ya no puedo tener mi vestido, sencillo y elegante a la vez, en color vainilla. Y sí, hoy permito a cualquiera llamarme materialista y egoísta; pero de verdad quería ese vestido, me hacia ilusión de verdad y además era alcanzable.
Y por tonta lo he perdido.
Ya podía verme con él, con mis zapatos marrones, con mi pelo suelto y totalmente metida en mi papel, mi verdadero papel, el de dama que vive en un castillo escondido en un bosque. Podía verme con todos los complementos y feliz por poder dar vueltas con ese vestido y ver como vuela la falda.
DE VERDAD me hacía ilusión ese vestido. Lo quería como nunca he querido nada material en mi vida. Lo quería de verdad y no por un capricho tonto.
Lo peor de todo es que no puedo decir que sea injusto. He perdido la oportunidad por idiota, por idiota y por tonta. Siento que me falta algo y me odio a mi misma por no haber actuado cuando debía, cuando todo en mi me decía que lo hiciera.
Algún día seguiré mi propio consejo e ignoraré todos los demás. Es la última vez que pierdo algo por seguir el consejo de terceras personas.
Idiota, idiota, idiota, idiota, idiota, idiota, idiota, idiota, idiota, idiota, idiota, idiota, idiota, idiota, idiota, idiota, idiota, idiota, idiota, idiota, idiota.
Adiós, vestido. Siento no luchar por ti cuando debía.