B: ¿Pasa algo? Traes cara de haber cagado un diablillo...
I: Cállate. Hay días que son decepcionantes y punto.
B: ¿Por qué? Teniéndome a mí no puede ser tan malo...
I: Por nada en especial, por todo en especial.
B: ¿Quieres un poco de bisutería traída de Egipto?
...
"Silencio y mirada de odio"
···
I: Vete a restregar tu esencia en arenas movedizas y déjame.
B: Tu siempre tan agradable... Al final habrás aprendido algo de mí.
I: Cualquier lección que puedas darme ya me era conocida.
B: Ya me marcho. Podríamos discutir hasta el ocaso, pero tengo hambre y mi esencia se resiente sólo de aguantarte.
I: Lo mismo te digo, aunque a mi no se me resiente la esencia... sino toda yo y hasta las telas de mi vestido.
B: Hala... ¡Igualita que Salomón! ¿Nos gusta moderar el ego, eh?
...
I: ¿No te ibas? ¿O vas a seguir incordiándome lo que resta de día?
B: Me quedaré un rato más... Me divierte fastidiar a los demás cuando tienen un mal día. ¡Mira, igual que tu!
(Y así a todas horas...)
Entre tu y yo hay una historia que jamás podrá ser contada y que nadie más excepto nosotros conocemos las reglas para participar. Siempre acabas volviendo a mí, como yo siempre vuelvo a ti. Es un circulo que nunca podremos romper (y tampoco ponemos mucho empeño en ello).
Tu desagradable e irritante.
Yo amable y con una sonrisa para todos.
A veces cambian las tornas porque ambos vemos un ejemplo a seguir en el otro (en ocasiones, nada permanente, ya sabes). Aunque imite tu desprecio hacia todo ser humano y lo emplee contra ti para practicar por si algún día tengo que emplearla contra alguien... sabes que te adoro, te idolatro y te añoro existencialmente.
Sólo tu y yo conocemos nuestra historia y así será hasta que pueda ser contada... Que es jamás porque nuestra historia no tiene fin y sin fin no puede contarse ninguna historia.
(Qué bonita y repleta de amor es nuestra historia... ¿Verdad?)