jueves, 2 de mayo de 2013

Catarsis completa.

Anoche volví a ver Hachiko. Aun estoy decidiendo si hice bien o mal.

Yo insistí en que no la vieran, insistí en no verla hasta que caí en el error de decirme a mi misma "la veré, seguro que no es para tanto esta vez, seguro que no será como la primera vez que la vi". Error.

Yo tenía razón, la segunda vez no fue como la primera. Fue peor.
No recuerdo ninguna película en la que no haya sentido ganas de llorar al menos una vez; he llorado con muchísimas películas... pero nunca una película me ha hecho sentir tanto y tan fuerte como lo hace Hachiko. Anoche lloré tan intensa y violentamente durante hora y tres cuartos que pensé que me moriría ahogada. Toda la película quise impedir el llanto y toda la película quise llorar sin tratar de impedirlo. El resultado fue risa y llanto incontrolable.
Aunque pudiera parecer lo contrario, disfruté de ella. Y disfruté porque recordé la razón de que yo siga adelante cada día, de que me levante y me enfrente al mundo.

Ellos.

Los animales en general lo merecen todo, pero en mi vida tienen una mención especial los perros. Perros como Hachiko que esperó fielmente a su amo cada día, frente a la estación de Shibuya. Perros que demuestran cada día que nunca debes olvidar a quienes un día estuvieron contigo y te importan. Perros que demuestran que la felicidad se alcanza estando junto a quienes quieres y te quieren.

Son historias como esta las que consiguen sacar de mí todas y cada una de las emociones que se pueden sentir, todas a la vez y en la misma intensidad. Veo en todos los perros a Hachiko. Y aunque haya historias con las que soy incapaz de no llorar como Balto o Colmillo Blanco, en las que veo la cara mala de la humanidad... la historia de Hachiko me llega aún más profundo.

Richard Gere hace un papel estupendo, cada una de las personas de la historia hace un papel estupendo. Pero Hachiko se lleva el premio. 
Su mirada, su forma de andar, su perseverancia. Todo en él me lleva a echar todo lo que llevo dentro sin poder parar ni impedirlo. Es mi catarsis completa.

Si algún día, por las causas que sea, acabo en Japón... quiero visitar a Hachiko. Quiero llegar a la estación de Shibuya y sentarme con él, con esa estatua. Abrazarle y agradecerle en silencio que haya pasado por el mundo y haya llegado incluso hasta los corazones de los más insensibles. Quiero esperar con él, durante un momento. Estar con él.
Hachiko permanece siempre en mi memoria y me cuesta escribir o hablar sobre su historia sin echarme a llorar y reír sin control alguno.
Y de la misma forma, quiero visitar a Balto, que aunque no sea para mí una catarsis completa tan violenta, sigue siendo una catarsis. Una catarsis light, por decirlo de alguna forma.

Siempre admiraré a los animales, y en especial a los perros, por esa humanidad de la que el propio ser humano carece. Esa facilidad de darlo todo sin esperar nada a cambio. Esa capacidad de hacernos más humanos a los que compartimos nuestra vida con ellos.

Gracias, por estar ahí siempre.
Siempre a tu lado, Hachiko.