Qué curioso resulta el hecho que las pequeñas cosas o acciones encierren grandes verdades esperando ser descubiertas.
Otro año más que llegan los exámenes y otro año más que de verdad piensas como esos grupos de facebook que dicen "a la mierda la universidad... yo quiero ser Spiderman" (por ejemplo). Otro año más que me he dado el batacazo por lo mismo de siempre (o lo que yo creía que era lo mismo de siempre): el agobio, el "me puede mi carrera", el "yo no valgo para estudiar" y un largo "etc" de frases similares.
Pero no era eso lo que me frenaba. Era el miedo a equivocarme. El miedo de saber que nunca seguiría por el camino que el mundo a mi alrededor me marcaba y que sabía acabaría con mi vida a la larga si siguiera su plan perfectamente cuadriculado. El miedo a tomar las riendas de verdad, de hacer lo que yo quiero hacer.
Alguien dijo que el miedo era mal consejero. Otro Alguien dijo que el miedo era bueno, que nos impedía y nos prevenía de hacer algo de lo que pudiéramos arrepentirnos más tarde. Ayer encontré un psicólogo que decía que el miedo es un sentimiento que no existe. Igual que la soledad. Decía que los miedos son buenos como prevención, para pensar las cosas dos veces antes de decidir lanzarse o no a la piscina... pero sólo dos veces. Si lo piensas tres veces, entonces ya no es miedo. Eres tú mismo impidiéndote avanzar. ¿Cuantas veces habré chocado con el mismo muro de piedra sólida? No lo sé. Muchas. Pero esta vez hay algo distinto. No había nadie que me dijese nada. No había ninguna voz que me forzase a rechazar el cambio de chip porque "eso que pienso no era lo correcto".
¿Y qué es correcto? ¿Para quién? ¿Quién dicta lo que es correcto para cada persona? Así me he levantado yo. Lo gracioso del tema es que he tenido que estampar mi cara contra el cristal de la puerta de mi terraza para ver la verdad y aceptarla. Donde yo veía un muro de piedra entre mi meta y yo no había nada. Fui yo la que puso el muro de piedra para ver el obstáculo real. Era como si mi meta, mis sueños, todo lo que quiero en este instante y que siempre he sabido que quería estuviese dentro de una gran cúpula de cristal. No veía el cristal delante de mi y puse un muro de piedra para ver dónde estaba. Enterré bajo la piedra lo que estaba a la vista, protegido tras un cristal. Perdí de vista el objetivo hasta olvidar qué había al otro lado del muro. Tenía miedo porque no sabía ni recordaba que había al otro lado, ni si me iba a gustar, ni si era lo correcto o no. Tenía miedo de derribar el muro y ver más allá de él para descubrir que nunca debía ir por ahí... y sin embargo me estampaba una y otra y otra vez contra él buscando la manera de cruzar.
La cosa ha sido tan simple como que yo sé lo que quiero desde hace muchísimo aunque no esté socialmente bien visto. Lo sé tan bien como sabía que quería cruzar la terraza para llegar al otro lado. Cuando me he dado con el cristal han pasado dos cosas.
Primera, podía ver la terraza a través del cristal igual que siempre he visto mis objetivos claramente. Segunda... había chocado contra una puerta de cristal.
¿Si para cruzar la terraza es tan simple como abrir la puerta... por qué no hacer lo mismo con mi muro para llegar entrar donde quiero entrar? En ese momento es cuando más pánico he sentido, cuando verdaderamente he sido consciente de a qué me enfrentaba. Admito que esa sensación ha sido horrible y espero no repetirla nunca. He sentido lo que debe ser realmente estar suspendido en un completo vacío emocional, sola, sin atreverme siquiera a respirar por miedo a caerme completamente y no volverme a levantar.
Ahí estaba yo. De pie, frente a la puerta de la terraza, con la mano en el tirador para abrirla y sin atreverme a hacerlo. Paralizada de puro terror. Mi cerebro barajaba ideas a una velocidad de vértigo mientras sentía que mi cuerpo se desvanecía en el aire (quizá fuese mi tensión a punto de abandonarme por la impresión emocional de lo que acababa de descubrir... pero le añade cierto dramatismo que hace que esos momentos sean de verdad "trascendentales" en todos los sentidos).
No puede ser tan fácil. Seguro que es otra trampa para hacerte daño. Si abres la puerta y cruzas seguro que hay un monstruo escondido esperando a destruirte. La vida no es fácil. Te harás daño. No es justo que lo soluciones tan fácilmente mientras otros sufren. Debes sufrir como todos lo hacen. ¿Qué van a pensar de ti? Tu destino es ser mediocre como tantos otros. No tienes derecho a destacar por nada y en nada. Los humanos no merecen la felicidad. En el fondo sabes que eres tan mala como todos ellos.
Pero miraba mi terraza como miraba el interior de la cúpula. No había nada malo dentro. Sólo suelo y plantas. El cielo azul-gris cubierto de nubes arriba. Y, poco a poco, el terror irracional se iba para dejar espacio a la tranquilidad. He recordado a Shifu diciendo "paz interior" sentado sobre la hierba con los ojos cerrados. He recordado a Rovin y todas las tardes que pasé con él aprendiendo cosas inútiles sobre la vida. He visto dentro de esa cúpula a todas las personas que de verdad, en lo más profundo de mi corazón, quiero tener siempre conmigo. Y he visto a Kai. He visto, por así decirlo, la verdadera esencia de mi ser. He visto materializarse ante mí el sentido que quiero darle a mi vida.
Y simplemente quería de verdad estar allí. Con todos ellos a mi alrededor. Estando en paz conmigo misma y con lo que me rodea.
Pero seguía bloqueada. No podía ser tan fácil. De verdad que no podía serlo. Nada nunca es tan fácil como abrir una puerta y cruzar. Y aunque lo fuera... ¿y si no podía hacerlo sola? Y ahí estaba mi momento catarsis esperando. Este psicólogo decía "La soledad no existe. Siempre podrás salir a la calle y te encontrarás con gente encantada de hablarte". Así pues, no estaba sola. Y qué cierto es.
Siempre hemos dicho que no importa la distancia física, que siempre vamos juntos a todas partes. Si se quiere decir más bonito, se puede decir que siempre llevamos a nuestra gente, la de verdad de la buena, en el corazón. ¿Y el corazón no podemos dejarlo en casa, verdad? Me he dado cuenta de que todo y todos los que estaban al otro lado del cristal, estaban completamente ajenos a mi dilema con la puerta; ninguno había venido para ayudarme a entrar. He entendido que no era por despecho, ni porque fuesen mejores que yo y ellos ya lo hubieran conseguido, ni porque les diese igual lo que me pasaba porque no les importo de verdad. Simplemente estaban dentro, invitándome a entrar y unirme a ellos en todas las cosas que hacían. Y al mismo tiempo estaban fuera, conmigo, dándome la fuerza necesaria para entrar.
Rovin. La Triqueta. Kai. La estúpida familia al completo. Mi razón de ser y luchar cada día. Mi familia.
¿Por qué no puede ser así de fácil? He abierto la puerta y el aire frío me ha golpeado en la cara. He salido a la terraza. Lo he hecho. Fíjate tu, la tontería que supone abrir una puerta de cristal y cruzar. Es algo que hacemos de manera mecánica, sin darnos cuenta. Abrimos y cerramos puertas constantemente. Y no sólo puertas... también ventanas, capítulos de nuestra vida, historias, juegos, relaciones, películas, botes de conservas... Dentro de mí cabeza, una voz decía "sólo has abierto una puerta, no tiene nada de trascendental lo que acabas de hacer". Y me he reído de esa voz. Me he reído en voz bien alta como si estuviera loca. Como si hubiesen dragones, gelatinas, gatos grandes y pequeños, animales de todas clases y vampiros riéndose conmigo de esa voz. Hoy he hecho mucho más que abrir una simple puerta. Y me he sentido orgullosa e imparable. Y como toda dama que se precie, me ha gustado sentirme así.
Es difícil explicar que estudias por el simple hecho de saber. Poca gente acepta que te guste tanto lo que estás haciendo que lo harías por simple "amor al arte" sin preocuparte de cobrar para seguir viviendo en el mundo con algo de dignidad. Ya lo he hablado muchas veces, con diferentes personas. Las más importantes para mí me han apoyado en esto. Uri solamente me dijo "No puedes ejercer de veterinaria sin cobrar. Nadie puede vivir al margen del capitalismo". Y eso me dolió más que todo el apoyo que recibí durante años. ¿Por qué? Porque me hacía estar mal y así es como se supone que debemos estar los humanos. Eso es lo correcto. Y yo me volvía a comer la cabeza: Tendré que cobrar por ayudarles, pero yo no quiero hacer eso. Quiero ayudarles de manera totalmente altruista y nunca me perdonaría recibir dinero por ello. Y además, ¿a qué dedicarme? Nada que yo pueda hacer me acercará a lo que yo quiero de verdad. Conclusión: me dejo la carrera. No quiero ser veterinaria. No quiero ejercer como tal. ¿Pero qué hago entonces?
Así me iba hundiendo poco a poco en una espiral muy peligrosa. Pero hoy he mirado directamente a los ojos de lo que quiero ser, de lo que quiero hacer con mi vida. Y es tan fácil...
¿Acaso no hay miles de personas con varias carreras universitarias de las que sólo se dedican a una? ¿Por qué no ser yo una de ellas? Hay muchas cosas que me gustaría estudiar, muchas cosas que me gustaría hacer de forma profesional, mucho más que pasar los días tratando de ser algo que no soy en una clínica. ¿Y si me da por abrir una empresa de hostelería y dedicar mi tiempo libre a ayudar a las protectoras de animales? ¿Y si me da por comprar un negocio cualquiera, sacarlo a flote y mejorarlo para repartir los beneficios entre las diferentes asociaciones que podrían hacer por los animales lo que no puedo hacer yo? ¿Y si me da por dedicarme a la moda o al diseño de interiores? Normalmente la gente lo hace al revés. Primero sacan aquello que puede darles beneficio para permitirles después hacer lo demás. Pero yo soy especial. Yo quiero sacarme la carrera de veterinaria para dedicarme a hacer curas y ayudar en las protectoras que lo necesiten. No para ejercer, sino para mí como persona. Ya ejerceré de otra cosa. Ya me sacaré otra cosa. Hay muchas opciones en el mundo por explorar.
Vamos a tope. ¡A TOPE! Y al que no le guste que mire a otro lado. El mundo no está preparado para personas como yo. No está preparado para afrontar los "casos perdidos" de la sociedad que se sale de sus esquemas... pero las personas especiales como yo no estamos aquí para encajar en sus esquemas. Estamos para aportar al mundo algo más importante y de más valor de lo que nunca reconocerán. Y yo no debo volver a olvidarlo. No debo volver a encajar en sus esquemas para evitar que me pisen. Es mi deber para conmigo, para con las personas que me quieren y para con la causa a la que quiero servir; el seguir explotándome como soy.
Bondadosa y sincera para quienes lo merecen. Dispuesta a todo para los que me necesitan. Cariñosa con los que ocupan mi corazón. Mundana y caprichosa cuando la ocasión lo requiere. Seria, fuerte e inquebrantable cuando debo ser la columna en la que apoyarse. Sabia cuando se requiera mi consejo. Un libro abierto en el que puedan encontrar una verdadera amiga. Protectora y luchadora cuando la causa a defender sea justa de acuerdo a mis principios.
La gente como yo estamos aquí para hacer del mundo un sitio mejor. Para aportar nuestro granito de arena a esa montaña que otros empezaron a construir antes de que llegásemos y que otros continuarán después, cuando ya no estemos. La dragona me mandó un vídeo que decía que las personas somos felices cuando damos nuestro agradecimiento a los demás y yo quiero hacerlo todos los días durante el resto de mi vida. Dar mi agradecimiento a los que me quieren y devolverlo en forma de ayuda para quienes creo que me necesitan más.
Cuando una Dama toma una decisión, nadie puede contradecirla.
PD: Nadie nunca jamás debe saber que tuve que darme contra una puerta para darme cuenta de esto. Voy a cerrar la puerta de la terraza dignamente y desayunaré como si aquí nunca hubiese pasado nada... Pero sé que hay personas que me lo recordarán toda la vida y yo seré feliz de que lo hagan. Saben y sé que me enfadaré para guardar las apariencias de puertas afuera (nunca sabemos quien puede estar escuchando), pero de puertas adentro siempre seremos una estúpida familia riendonos frente al fuego de la chimenea entre libros de física cuántica karaniense, gelatinas, ovillos de lana, animales y los escombros que dejan algunos dragones que tocan el laúd.