Esto lleva mucho tiempo abandonado. Yo no me puedo dormir. Y no descansaré hasta que haya ladrado un poco (o mucho).
Para ir entrando en materia, diré que las películas de Disney, con todos los tópicos negativos que quieren hacernos creer hoy en día que nos enseñan, han sido para mí una guía referente para vivir la vida. Digo esto porque siempre me encuentro algún listo, que va de progresista por la vida, dispuesto a decirme todas esas cosas negativas que la sociedad ve en ellas. No digo que no las tengan... ¡claro que las tienen! (No voy a ser yo la que contradiga a todos los que analizan estas películas en una búsqueda exhaustiva para encontrar dichos detalles). Pero nunca será oro todo lo que reluce por mucho que quieran empeñarse. Estas películas tienen muchísimas cosas positivas, tantas que no acabaría jamás de nombrarlas todas. Dice algún filosofo (del que nunca recordaré el nombre, sintiéndolo mucho) que el hombre es bueno por naturaleza pero la sociedad lo corrompe; otro dice que es malvado por naturaleza y punto. Yo no lo sé, porque cada día puedo pensar algo distinto... pero sí sé que los hombres, en su mayoría, tienden a fijarse en todos los aspectos negativos que hay a su alrededor. Y luego hay personas que tienen una idea mejor: si no los encuentran, los inventan.
Yo misma he estado hundida en esa espiral de negatividad y puedo afirmar que se retroalimenta a si misma. Puedo afirmar que si estás dentro, parece casi imposible salir. Me costó mucho esfuerzo mental llegar a entender que se puede salir, que es un proceso largo y que todos tenemos derecho a recaer o tropezarnos un par de veces como mínimo durante el camino de salida. Siempre que lo pienso, recuerdo la famosa "Caverna" de Platón. He aquí la gran mentira que me vendieron mis profesores de filosofía (como a muchos otros seguramente) al explicarme este mito. Al escucharles hablar y explicar aquello que nos transmitía este símil, todos tendemos a creer que somos como Platón, que llevamos la verdad dónde vayamos y que ya hemos recorrido ese camino sin dificultad... pero no es cierto. Alguien llega a nuestra vida para sacarnos de allí y quitarnos la venda que nos impide ver y comprender que fuimos engañados con sombras, que nos lo creímos porque nosotros alimentamos esa mentira en nuestra mente y que se puede salir... pero entendemos también que no es fácil. La mentira está en que Platón nunca dijo que fuera fácil salir de la caverna, simplemente asumimos esa verdad pensando que se hará realidad por pensarlo. Pero hasta que no aceptemos ese proceso y la dificultad que conlleva... nunca saldremos de ahí. Aquí es cuando llegan a escena lo que llamo "personas especiales". Esas personas que están de alguna manera "por encima de las demás" sin estarlo. Esas personas, entre las que me incluyo después de pasar un largo proceso, que somos capaces de hacer caer esa venda que cubre los ojos de los demás. Y esto es porque hemos conocido previamente a otras personas así, que nos guían en el camino de quitarnos esa venda y nos enseñan el proceso para, llegado el momento, tomar el relevo a nuestros maestros y ayudar a otras personas. Decimos mil veces al día cuanto odiamos a la humanidad en general por todas las trabas que nos ponen... pero hemos asumido esa tarea, asignada de forma silenciosa por las personas especiales que nos precedieron. La hemos asumido tan profundamente, que la llevamos a cabo aun si no queremos. Y nos sentimos orgullosos cuando nos damos cuenta. Nos proclamamos vencedores y nos colgamos nosotros mismos una medallita imaginaria "al honor". Como seres especiales que somos, podemos adoptar cualquier forma. Dragones, brujas, gatos, serpientes, maestros del Kung Fu, damas con vestidos de seda... o moscas cojoneras si con ello nos acercamos a cumplir ese objetivo. Influimos en las personas sin apenas darnos cuenta y muchas veces ha sido un problema... suscitamos envidias en las personas que no son como nosotros y esto suele acabar en confrontación. Pero no podemos sentirnos culpables por ello. Hemos trabajado mucho para llegar a ser como somos y hemos vencido mil batallas contra nuestros propios demonios particulares, sangrando y sufriendo. Y la envidia suelen sentirla las personas débiles y cobardes. Esas que no son capaces de enfrentarse a sus miedos y problemas, que prefieren sentarse a esperar que alguien aparezca para luchar por ellos. Ese tipo de persona que queremos lejos y que despreciamos casi al instante porque, o bien nos recuerda a nuestros días pasados, o bien sabemos todo el mal que pueden acarrearnos y que no queremos. Pero son las personas que acabamos ayudando de alguna manera. Porque en el fondo, sabemos que nos necesitan como nosotros necesitamos a alguien alguna vez y nos dieron la oportunidad. Si nuestros maestros en el arte de vivir tuvieron la paciencia para nosotros y cada generación debe superar a la anterior... ¿por qué no íbamos a tenerla nosotros? Además, somos capaces de alejarnos un poco cuando necesitamos coger aire y fuerzas para seguir adelante; somos capaces de volver al lado positivo cuando vemos que nos desviamos del camino... y a más práctica, más rápidos y eficientes somos. Entiendo que sientan miedo. Todos sentimos miedo, es sano. Incluso el soldado, que sabe que esa batalla puede ser la última, lo siente. La diferencia está en que nosotros superamos el miedo o lo llevamos con nosotros como protección y damos un paso al frente. Y luego otro y otro más. Hasta superar el obstáculo o morir intentándolo. Cualquier cosa menos quedarse atrás.
Yo acabo de ver Brave. He llorado como tantas otras veces porque las recuerdo a ellas y todo lo bueno que me traen. Como dijo la dragona alguna vez "somos las grandes protagonistas del bloj" y es cierto. Lo somos, unas de otras. La idea tonta y romántica de ser una triqueta, no es tan tonta como parece a golpe de vista. Mucha gente no tiene lo que nosotras hemos conseguido, ni tendrá lo que nosotras llegaremos a tener algún día. Apenas puedo recordar cómo las conocí y menos aún recordar en que momento cruzamos la linea de "amigos y conocidos" para llegar hasta donde estamos... pero sé que muchas personas me envidian y me cargan con todo tipo de males a la espalda por no tener lo que yo, aunque me sonríen cuando les miro de frente. Muchas veces me he sentido mal por tenerlas y no compartirlas, por no dar a otros la posibilidad de aprender de ellas tanto como he aprendido yo... pero inmediatamente después, me siento mal por haberme sentido mal (esto es como el nestea de limón, al limón, con limón: redundante). Yo sé lo que he trabajado en ellas para tenerlas a mi lado y sé cuanto he trabajado en mí misma para ser merecedoras de ellas. Igual que ellas han hecho conmigo. Las cosas no ocurren porque sí. Y aunque todos los sabemos, no todos son capaces de utilizar esa verdad a su favor. Pocas canciones hablan de amistad y muchas hablan de amor. Pero a mí, la amistad me parece la forma más bella de amor. Quizá porque no está tan sobrevalorada como el amor "propiamente dicho" y no todo el mundo puede tenerla. Quizá sea también porque debemos trabajar más para mantener esa unión... y que debemos trabajar en nosotros mismos muchísimo más que en ninguna otra campaña; porque si nos fijamos en alguien especial que no merecemos, nunca la tendremos a menos que mejoremos aquello que nos falta para ser dignos de estar en su vida.
Me doy cuenta que las personas que me envidian por tener a estas personas, solo me cuentan los defectos de los demás y que hacen que nunca consigan aquello que envidian en mi. Pero nunca he oído nada que tengan que mejorar ellos. Esperan que las cosas lleguen a ellos y yo me enfado conmigo misma por envidiarles a veces; porque parece que avanzan más que yo. Luego me sonrío porque recuerdo quién soy y qué he conseguido. Y dejo de envidiarles. Soy una dama. Puedo envidiar las alas de mi dragona, que consiguen levantarla del suelo y llevarla hasta donde quiera. O puedo envidiar la maestría de la gata para moverse cómodamente por lugares que yo ni siquiera me atrevería a pisar. Pero no puedo envidiar las aparentes facilidades de las personas que me envidian a mí. Porque al final solo son apariencias que exageran para sentir que tienen algo mejor que yo. Y las apariencias pueden engañar, yo lo sé muy bien porque las manejo a diario... pero tengo quién me diga dónde debo tener la cabeza y me devuelven al camino cuando me desvío. Me recuerdan quien soy y qué debo hacer. Como dije antes: soy una dama. Eso quiere decir que no tengo alas para llegar más rápido y más alto, ni tengo una bella cola que me ayude a mantener el equilibrio en los tejados. No veo el mundo como ellas, ya que siempre estoy a ras del suelo. Pero dejo de envidiarlas cuando miro hacia el suelo y veo mis pies, enfundados en maravillosos zapatos que van a juego con mi vestido, o en cómodo calzado para montar. Dejo de envidiarlas porque comprendo que vamos juntas, viajamos juntas y crecemos juntas. Sus caminos son más largos de recorrer y por ello necesitan más "virtudes" para recorrerlo. Yo carezco de esas virtudes porque no las necesito para llegar a mi destino. Hago las cosas a mi manera, a mi ritmo. Yo voy a pie, a caballo o en carruaje. Me encargo de analizar la información que me traen cuando se adelantan en el camino o de prepararles alguna sorpresa cuando vuelven de sus viajes. Soy la que permanece como punto de referencia y en realidad, me encanta serlo. Me encanta ser, de alguna manera, la que prepara la puesta a punto del lugar de encuentro. Me encanta sufrir para que todo esté perfecto y no conseguirlo nunca, porque cuando llegan a casa esa imperfección se vuelve perfecta solo porque están. Me encanta ver que, cuanta más perfección persigo, más imperfecto me queda todo... como ellas y como yo misma. Por eso somos una triqueta perfecta. Una estúpida familia donde predomina el carácter femenino.
Miro el reloj y veo que son las dos y media de la madrugada. Pienso en lo que he escrito y me doy cuenta de que la montaña rusa, en la que llevo montada estos días sin saberlo, no es más que lástima por la persona que ahora mismo esta en esa espiral de autodestrucción. Que me envidia por lo que tengo pero vive sentada esperando que alguien luche por ella en sus batallas. Pero los dobles solo los tienen los actores y actrices. Sé que es un muro infranqueable. No tengo las alas de la dragona para sobrevolarlo y llegar al otro lado. No tengo el equilibrio de la gata para caminar por la muralla y saltar sin morir en el intento. Soy una dama y hago las cosas a mi manera. Sé que podría llegar a encontrar un hueco por el que colarme discretamente, pero ya he agotado la paciencia con ese muro. No tengo la fuerza bruta necesaria para derribarlo o abrir un boquete en la piedra. Pero tengo elegancia, clase y porte suficiente como para plantarme frente a él y exigir un paso seguro. El muro será fuerte y será de piedra. Pero yo soy una dama y además, vampira. La inmortalidad corre por mis venas y eso me permite esperar a que el muro caiga con el paso del tiempo. Así que no voy a apartarme ni bordearlo. Ni siquiera voy a asaltarlo de manera diplomática. Solo voy a desplegar mi fría crueldad y avanzar. El que no quiera sufrir, que se aparte de mi camino; aunque sea un muro de piedra. El que no se aparte, sabe que se arriesga a quedar destruido por mis manos y mi crueldad; aunque sea un muro de piedra. Que no lo emplee, no significa que no haya en mí un poder tan destructor como el fuego de un dragón o como el poder enigmático del gato que atrae a sus victimas a su fatal destino. Aprendí de mi maestro que no emplear mi poder era incluso ventajoso para mis propósitos. ¿Quien iba a sospechar de una dama, que se detiene por el camino para verse reflejada en las superficies pulidas y cristalinas como buena mujer superficial? Solo aquellas que me conocen, se imaginan cuán cruel puedo llegar a ser. Y me lo recuerdan cuando a mí se me olvida. Prepárate porque voy a por ti.
Sí. Las películas de Disney siempre son la opción. Igual que el rojo. Son las que me recuerdan todo lo que soy y todo lo que tengo. Las que me levantan cuando mis niñas no están del todo cerca. Las que reúnen todas las enseñanzas que necesito recordar en determinados momentos. Como por ejemplo, que yo soy la que cabalga con el viento, siempre acompañada porque así es la amistad. Que puedo ser tan fuerte como las rocas. Que siempre habrá alguien para recogerme si me caigo o hacerme reír cuando tenga un mal día.
Así que... sí. Envídiame por lo que tengo y por saber disfrutarlo y valorarlo. Envídiame por todo lo que soy que tú no eres. Envídiame por el placer que sientes al sentir envidia... Envídiame, pero no te atrevas a pedir clemencia cuando te haga pagar por todo lo que has hecho.
Soy una Dama, pero también soy una Bestia.
Y cuando salga la Bestia, no habrá humanidad a la que puedas apelar. Así que huye o asume las consecuencias de tus actos.