martes, 25 de noviembre de 2014

¿Y si no llego a tiempo?

Hoy es el día. Después de tanto tiempo, puedo sentarme otra vez en mi ventana y admirar mis bosques.

No puedo decir que haya estado ocupada todo este tiempo... en realidad, nada más lejos. Han sido otros los que han venido a ocuparme a mí. A mí y mis pensamientos. A tirar mis emociones al suelo y pisotearlas después. Y como siempre, la Dama calla. Perdona también. Pero no olvida.

No olvido cada afrenta hacia mi persona, aunque estén lejos de afectarme. Venir a ocupar mi tiempo está muy bien, el drama siempre será una manera de permanecer ociosa. Excepto si no me importa. Y cada vez me importa menos estar rodeada de tanto drama teatrero, porque las procesiones que se llevan por dentro son más fuertes, más importantes.
Esas procesiones son una herida supurante que no cierra, que no tiene una causa concreta aparente y que mucho debes escarbar para llegar al origen.

¿Qué importa qué o quién hable a tu espaldas, tratando de acuchillarte y humillarte en público... si la persona que quieres que hable de verdad no lo hace? Nada. Solo importa el dolor del alma de saber que te necesitan en alguna parte, que hay un cabo peligrosamente suelto que estás pasando por alto. Ese dolor que no puede expresarse con la palabra escrita o hablada... ese dolor que solo puede sentirse. Y entonces te asaltan las dudas:
¿Qué hago? ¿Cómo lo hago? ¿Cómo llego hasta allí? ¿Dónde tengo que ir?

Cuando esas preguntas encuentran su respuesta y te alegras de tener (aparentemente) controlada la situación de nuevo, es cuando sale la duda que puede destruir todo lo conseguido:

¿Y si no llego a tiempo?

El miedo que despierta en mi esa pregunta es un motor que pone en marcha una fuerza que yo no creo tener. La sensación tirante de una llamada en la lejanía, que no alcanzo a responder por mucho que me esfuerce. No soy persona social. Odio relacionarme con gente nueva; a menos que venga bien recomendada por un conocido y con un buen informe de méritos previos en la mano. Y a pesar de todo, me cuesta abrirme. 
Pero aquellos que superan todas las pruebas (más incluso de las que haría un príncipe azul por su correspondiente princesa), los que llegan de verdad hasta mí y luego deciden quedarse... esos pasan a constituir mi vida. No diré que mi vida entera gira en torno a esas personas... pero sí lo hace una parte de mi cerebro, especialmente dedicada a ello. Esa parte que piensa en cuidarlos y protegerles 25 horas de 24 que tiene el día; esa que percibe la llamada sin importar la distancia y que pone en funcionamiento unos mecanismos secretos e inexistentes en otros seres humanos. Esa es la parte que pone mi alma en alerta y que discrimina a los que vienen pretendiendo ocupar mi tiempo en ellos mismos, tratando de subirse por encima de mí y de los demás.
Esa es la parte de mí que me recuerda cada día dónde buscar para encontrar mi motor en la vida. El motor de mi vida sois vosotros. Y todas las ambiciones que cumpla, nunca son completamente para mí. Siempre habrá un pequeño resquicio en esa aspiración que busca seros útil de algún modo. A vosotros. A vosotras. A ti.

Mi mayor ambición es llegar a tiempo cuando me necesitáis, como otras personas estuvieron para mí. Quiero transmitiros eso. Por dependiente que pueda sonar aunque no se trate de eso. Quiero ser para vosotros el punto de referencia al que mirar, quien os recuerde lo que vosotros mismos me pedís, con gestos o palabras, que queréis recordar. Quiero estar ahí en cada momento; porque en algún momento decidí, desde mi admiración por otras personas, que alguien debía hacerlo. Porque os lo merecéis. Sois la luz que ilumina el camino de otras personas y eso es algo muy importante de conservar. Siempre habrá alguien que os observará en busca de una guía y yo siempre lucharé contra natura para llegar cuando me reclaméis. Porque igual que se lo debéis a otros, os lo debo yo. Y no me pesa en el corazón llevar esta "carga" (si es que puede llamarse así), porque siempre daré todo de mí para llegar a tiempo.

Y una vez más, creo que lo he conseguido. ¿He llegado a tiempo? Quiero pensar que sí. Y que siempre llegaré si está en mi mano hacerlo.

Os quiero.