Las Damas estamos atrapadas en un mundo incompatible con la sociedad actual. Las Damas soñamos todavía con el romanticismo de los Castillos, con los Dragones que cuidan princesas (porque jamás las han secuestrado en una torre), con los héroes y caballeros que se disputan el honor de sus Damas en torneos y justas, con hombres que se acercan a ti para alabar tu belleza y regalarte una rosa como símbolo de su amor... esperando una prenda a cambio para que les dé valor en la batalla.
Ese mundo ya no existe. Ese mundo sólo está presente en las mentes de las que aún seguimos atrapadas en aquellos tiempos, tanto nuestro cuerpo como nuestra alma... y nuestro corazón. Pero soñar es algo que no nos pueden arrebatar, y mientras soñemos, ese mundo existirá, quizá en una realidad paralela que no vemos con nuestros ojos a menos que los abramos y sepamos dónde mirar.
Yo soy una Dama y he sabido encontrar ese idílico mundo a mi alrededor. he abierto los ojos, he mirado y he encontrado todos los elementos para vivir en un mundo perfectamente medieval:
- En Granada está la Dragona que me cuida en mi Torre.
- Entre tejados y ciudades está ese dichoso gato negro (que en mi caso es una gata la mar de loca y adorable) que te habla con acertijos o no te lo dice todo, sólo por fastidiar; son cosas de gatos.
- A mi lado tengo al Caballero-Dragón que defiende mi honor y mi Castillo.
- En mi corazón está Rovin, para susurrarme, aconsejarme y acompañarme a lo largo de mis aventuras cuando nadie más puede hacerlo.
- Perdido por el mundo está ese enigmático chico que no te inspira confianza pero confío en él, porque sí, porque mi Dragona confía.
Todos los elementos que constituyeron mi mundo de Dama y que lo mantienen en pié a pesar de las tormentas y vendavales que envíen para destrozarlo.
Mi Mundo sólo los necesita a ellos, a mi familia, la que yo he elegido y la que me acepta como soy.
Gracias Caín, por dármelos.
Hoy me ha dado por sentarme en la ventana de la más alta torre del Castillo, desde donde puedo ver por encima de las copas de los árboles que me rodean, desde donde puedo contemplar el vuelo de las aves, rasgando la suave tela que es el cielo azul, desde donde puedo ver el vasto Mundo más allá de mi Bosque y mis murallas, desde donde puedo rogar que todos estén bien, allá lejos, en algún lugar cercano al horizonte; desde donde puedo daros las gracias por existir.
La Dama es feliz siempre que estemos bajo el mismo cielo y estrellas...