sábado, 5 de octubre de 2013

El prisma correcto.

Querido Rovin:

Las dos y media de la madrugada y aquí estoy. Acabo de llegar de un cumpleaños y no sabría decir si ha sido un éxito o un completo desastre. Dependerá del prisma con el que mire... o eso espero. Huele a spaguetti chamuscado, pero empiezo a necesitar una varilla con la que encender mis velitas de galletas de miel del mercadona. Hoy les encomiendo a ellas la tarea de calmarme.
Mi intestino vuelve a parecer un amasijo de "tubos" mal enrollados y que multiplican su tamaño exponencialmente a cada minuto que pasa. En parte ha sido cosa de la cena, que no debería haber comido tanto. Pero la mayor parte de la culpa la tienen los nervios de esta ultima semana. Yo creía tenerlos bajo control, pero no es así y hoy han decidido explotar antes que aguantar un poco más la tensión para aparentar autocontrol.

Tengo un mal presentimiento. Muy malo.

Tan malo es que no puedo expresarlo con palabras ni dar una razón o un porqué. Si pudiese identificar la causa sería incluso bueno, porque podría resolverlo.
El día ha ido genial hasta que se ha puesto a llover a media tarde. Ese ha sido el instante en que mi ánimo a empezado a decaer y los nervios de toda la semana que yo creía bajo control ya no lo estaban tanto. Luego ha llegado la hora de salir. Tenía que ir a ese cumpleaños. Tenía asuntos pendientes por verificar y no iba a tener mejor oportunidad que esta noche.
No quería ir; pero mi cuerpo, mi instinto y toda yo me pedía a gritos ir.
Primero ha sido la tarjeta del metro sin la cual no podía ir. Luego ha sido ir completamente sola en el metro hasta Picanya, iba vacío literalmente, eso nunca me había pasado... y no eran horas en las que el tren suele ir vacío. Afortunadamente... Nicte ha venido a socorrerme cuando he puesto la música en la lista aleatoria y después de un par de canciones (mientras mi cabreo iba en aumento) ha empezado a sonar "el guardián del sol" a plena potencia en mis oídos, con la fuerza suficiente como para no escuchar mis pensamientos y dejar que mi mano la pusiese en bucle y dejar pasar el tiempo hasta llegar allí.
He llegado y todo parecía ir bien. Bien, hasta que empieza a llegar la gente y empieza el baile de máscaras. Pero no ese baile bonito y lleno de luces, música alegre y tonos dorados... No. Más bien ese baile en que, mires donde mires, no puedes reconocer a nadie; porque cada uno de los presentes lleva su máscara puesta... y cuando crees que se la quitan por un momento ves que llevan máscaras sobre máscaras. Ahí es cuando tu intentas no ponerte la tuya, resistir la embestida de miradas cargadas de malos pensamientos y dar ejemplo de que no pasa nada por ir con la cara descubierta.

Lo intenté hasta que no pude más. Decidí que ser fuerte por ellos no iba a resultar. Entendí que tenía que entrar en el juego. Ese que se me da tan bien y que odio con toda mi alma al mismo tiempo. Me puse mi máscara y me uní a la celebración; solo para ver que yo tenía razón desde el principio. De nada sirven las máscaras sino para prolongar el juego, el daño que hacemos a los demás mientras jugamos y que, por ende, nos hacemos a nosotros mismos porque perpetuamos con nuestro daño que los demás nos dañen a nosotros. Mi intestino me advierte en ese momento que así no podemos seguir. Y yo accedo a ese ruego porque no quiero seguir. Así que me quito la máscara, adopto el porte regio que me corresponde y me pongo seria. Observar y callar. Recopilar información. Eso es lo que da poder.

La tensión es más que palpable. Ataques sociales indirectos entre unos y otros a los que respondo con silencio. Si quieren aumentar su odio... adelante; a mí que no me metan en sus juegos florales. Los móviles no ayudan nada. Ellos no ayudan nada. Retroalimentación constante. Tengo unas ganas inmensas de levantarme, cruzarles la cara a todos a bofetones y marcharme; dejarles lamiéndose las heridas hechas a su estúpido orgullo. Yo ya sabía que se cocía algo en el ambiente, que se me estaba escapando algo. Lo sé desde hará unos quince días más o menos... La loba huargo no está bien. Ahora ya sé que le pasa, pero lejos de calmarme, saberlo sólo ensombrece más mi ánimo.

Estoy perdida. No tengo muy claro por donde tirar. No tengo en este instante ningún apoyo salvo un fantasma en mi mente. Casi las tres y cuarto. Quiero llorar. Echo de menos a los más importantes... y aunque los llevo siempre conmigo, no los tengo físicamente aquí. Mi piel recuerda abrazos anteriores y eso reduce mi ansiedad. Oigo sus voces en mi cabeza dándome los ánimos que me darían si los tuviese delante aquí y ahora. Sé que no es más que otro bache en el camino, pero no sé por donde abordarlo y superarlo exactamente.
Rovin, veo que se hunde el barco y todos los que vamos en él. Todavía no es el momento de que eso pase... pero si no hacen nada ahora, no podremos impedirlo después. Sé que podría desentenderme de todos ellos y salvarme yo. En otras circunstancias, ambos sabemos bien que lo haría. No siento compasión por mis congéneres humanos. Pero estos no son sólo humanos. Tratan de ser algo más. Y yo no puedo abandonarlos a su suerte. No está en mi naturaleza y no quiero que lo esté nunca. 
¿Pero cómo puedo ayudarles? ¿Cómo consigo que me escuchen? No lo sé.

Pero basta de llorar. Soy una dama. Soy fuerte. Ya me he recluido en mis aposentos para desahogarme y poner en orden mi cabeza y mis nervios. No está todo perdido. No mientras haya alguien dispuesto a impedirlo. Saldremos. Todos. Si tengo que levantarlos de las orejas... que así sea. Sé que no estoy sola en esto. He salido de baches peores que este, así que guiarlos no será un problema cuando encuentre la forma de abordar esto. Ahora tengo más poder que antes. No sé aún afrontar el bache, pero tengo más información, un punto de anclaje, un punto de partida. Algo por lo que empezar a desenredar esta maraña de hilos...
Eso haré. Desenrollaré el hilo y haré un ovillo para dárselo a la gata. Claro que sí. Tengo que ser positiva. Ahora tengo algo, es más que nada. Antes sólo tenía un mal presentimiento, ahora tengo un camino que andar.

Las tres y media. Dormir rematará la faena de sacar beneficio de esta desastrosa noche. Estás velas funcionan realmente. Gracias, Mercadona, por tener estas velas en tus estantes.

El prisma correcto no siempre es el primero que escoges.
Pero es el único con el que te quedas.

PD: El prisma inicial me mostraba una desastrosa noche. El prisma correcto me muestra una noche provechosa. Buenas noches, Rovin. Viaja por mi subconsciente esta noche y tráeme a todos aquellos que verdaderamente me dan la fuerza para levantarme cada mañana con un motivo más para sonreír y comerme el mundo más allá de los dominios de mi castillo. Buenas noches a todos.