- ¿Sigues despierta Ishys?
- Sí, Rovin.
- ¿Qué haces?
- Pensar.
- ¿En qué?
- Ya lo sabes.
- ¿Recuerdas aquello que te dije, Rovin? ¿Aquello de que la dragona me recuerda a alguien y que alguien me recuerda a la dragona? Pues en eso pienso. En que cada jueves veo "Águila Roja" y cada vez se acercan más en mi cabeza. No me mires así, sabes que no va por ahí la cosa. En efecto, no tienen nada que ver, ninguna conexión coherente entre ellos. Pero mi cabeza no es coherente. Gonzalo (cuando no es estúpido) me recuerda a ella y ella me recuerda a Gonzalo solo para recordarme que me recuerda a ella. ¿Que por qué? Pues muy sencillo. Porque avanza. A veces a pasos de tortuga y a veces a pasos de gigante. Poco a poco se acerca a lo que busca con tanto ahínco.
- Seguro que es más que eso. Eso ya lo has dicho antes.
- Cierto. Es más que eso. Es darme cuenta de que parece seguir sus pasos (cosa que es pura coincidencia), los pasos del águila roja que defiende a los incomprendidos. No importa cómo de difíciles se pongan las cosas ni importa que todos los hechos apunten a la misma conclusión. Ella, igual que él, sabe que las evidencias se equivocan; que por mucho que alguien parezca culpable y malvado, no se pronunciará hasta saber la verdad. Toda la verdad. Evidentemente les gusta defender casos que parecen perdidos... hasta demostrar que no lo eran tanto. Es una tontería, lo sé. Pero me gusta acordarme de ella con esa tontería. Me gusta ver que todos los personajes se dedican a gritar por las calles y pedir la sangre de aquellos que otros tachan de culpables... y ver a Gonzalo pelearse con todos ellos para decir "No os precipitéis. Puede que haya una explicación para lo sucedido. Por muy evidente que parezca, debemos agotar todas las posibilidades y caminos." y pensar: Mira, como la Dragona con sus muslims. Es imposible no relacionarlos. No con esa pasión que pone en entenderlos, en acercarse a ellos. Y gracias a eso se que conseguirá acercarlos al mundo. Llegará más allá que los demás. Llegará a la meta de todo historiador del arte y seguirá avanzando hasta lograr, aunque de manera inconsciente, que todos comprendamos aquello que tanto ama.
- Pero eso no puedes entenderlo.
- No. Lo que no puedo es sentirlo. Yo no puedo sentir ese fervor por los árabes de la misma forma que ella no puede sentir lo que yo siento por los animales. De la misma forma que nadie puede cambiar su cerebro y su corazón por los de otra persona para entenderse por completo. Pero sí puedo llegar a entenderlo en parte. Y tengo pruebas de ello. Yo soy una prueba viviente de lo que estoy diciendo. Yo soy una dama. Una dama de castillos, torneos, caballeros de relucientes armaduras, vestidos y faldas. Lo único árabe que quizá me llamaba eran los poemas de trovadores que cantaban sobre las bellezas del desierto y las gentes que lo habitan; la exótica danza del vientre y sus bailarinas... pero ahora los noto más cerca, más cerca de mis raíces. Es por fuerza de escucharla o leerla que empiezo a ver cuán grande era ese pueblo y cuán importante debe ser para mí, puesto que forma parte del pasado de todos nosotros, fueron vecinos nuestros. De repente no me parecen tan exóticos ni distantes.Y ahora les quiero un poquito más cada día que pasa. Y ese mérito es suyo. ¿Lo entiendes? Es como si siempre hubieran estado ahí, esperando que alguien los escuchara. Y ese alguien es ella. Si ella logra en su cabeza reconciliar toda la historia y todas esas culturas, la humanidad habrá ganado algo muy importante. ¿Será capaz de lograr que todos veamos más allá de los libros de historia y de la visión que siempre han querido meternos en nuestra cabeza? Pues no lo sé. Yo nunca presté mucha atención a lo que nos contaban en las clases de historia. Nunca profundicé demasiado en las guerras porque las encuentro absurdas todas ellas. Siempre pensé que lo que tendrían que hacer es irse de copas y arreglarlo entre dos personas (a mamporros si hace falta) y luego todos tan amigos.
- ¿Y por qué tiene crisis de fe? Si tan claro lo ves, no tendría que tenerlas.
- Todos tenemos nuestras crisis de fe. Tu eres testigo de todas las mías. Y serás testigo de todas las que me quedan. Es cierto que tiene crisis de fe a veces... cada vez que da un paso adelante importante, recula y da otro hacia atrás. Pero el secreto está en que se sienta consigo misma, se enfada, se grita... lo que haga falta hasta ver la luz. Y entonces da dos pasos al frente, o más de dos pasos. Con la cabeza bien alta y orgullosa. Llegará el día en que mi castillo verá un grandioso banquete donde serviré dátiles, té moruno, pastas para acompañar y manjares propios de caballeros a partes iguales. Espero ansiosa ese día. Ese día nos sentaremos todos a la mesa como una gran familia y parte del mérito será suyo. Ya lo verás. Como siempre, la empujaremos entre todos siempre que lo necesite.
- ¿Y la gata?
- ¿La gata? Déjala correr tranquila. Ella va a su ritmo. Salta, canta y baila por el mundo sin control ninguno. Sin control aparente, claro está. Nadie más que ella puede ver el control de sus actos. Su rumbo errático es para despistar. Llegará a buen puerto como toda la familia. Y cuando tengamos que saber algo sobre su camino, lo sabremos. Nos lo hará saber igual que la dragona lo hizo en su día cuando declaró su amor por los muslims por primera vez.
- Esto es por lo que llevas despierta casi toda la noche.
- Sí. Puede que después sea todo un simple delirio de mi mente romántica y enamoradiza de las cosas. Puede que sea cierto. Puede que sólo sea verdad a medias. No lo sé y tampoco me importa. Es mi visión del mundo y no pretendo asumir otra, ni entender otra, ni meterme en otra. Cada uno vemos y sentimos de forma distinta. ¿Quién en su sano juicio vería un parecido entre el águila roja y la lisensiada Castro además de mí? Yo soy una dama. Observo las cosas. Me callo las cosas. Sé cosas. Saberlas no implica nada.
- ¿Qué haces? ¿Donde vas?
- A ordenar que me preparen un baño.
- Pero son las cuatro de la madrugada.
- ¿Y qué? No me dormiré hasta que me bañe. Así que voy a darme un baño caliente con agua de rosas y a sonreírme a mi misma pensando en lo lejos que llegarán mis pequeñas y lo orgullosa que estaré siempre de ellas. Con sus crisis de fe pasajeras y todo.
Las damas vemos cosas, observamos cosas, nos callamos cosas.
Pero de esta tenía que dejar constancia en alguna parte.
PD: Conversaciones entre el fantasma de Rovin y la poca lucidez que me queda en la cabeza a las cuatro de la mañana. Nuestro límite es el cielo, chicas. ¿Qué digo? No tenemos límite. Os quiero.
http://www.youtube.com/watch?v=i6UAGhJHmOw
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