Los días, cuando pierdes a alguien, son duros.
Es difícil seguir adelante porque para ti el tiempo se para, quieres disfrutar en cierta manera con tu dolor y poder despedirte de esa persona como crees que debe ser.
Tu cerebro sabe que algo está muy mal y procura disminuir el daño con mecanismos de defensa que optan por dejarte con la sensación de que vas drogada, de que el tiempo va muy despacio, que dentro de las paredes que te rodean con la soledad, el tiempo no pasa.
Pero tu dolor al mundo no le importa. Eso es verdaderamente lo más difícil de aceptar. Te dicen que "la vida sigue", que "no puedes pararlo todo solo porque alguien se ha muerto". Te exigen con la misma intensidad o incluso mayor. ¿Por qué? Quieres preguntar.
La única respuesta que vas a recibir es "porque sí"; como si eso lo arreglara todo y no dejase opción a discutir.
Pero no todo es negro o blanco, hay muchas tonalidades de gris por el medio.
Siempre habrá personas a las que les importe tu dolor, que tratarán de salvar las distancias para ayudarte y estar contigo, tratando que ese proceso sea más llevadero y de paso, que el mundo te deje en paz. Eso o morirán en el intento. A esas personas podrías decirles que no quieres nada, pero si en algo aprecias tu integridad física y tu vida... no te atreverás a decirles que no.
Estarán siempre encima de ti, independientemente de las circunstancias. Están para cuidarte, para apoyarte y descansar, sin juzgar las razones que das o no das para explicar lo que haces o dejas de hacer. Personas que pueden llegar a formar parte de tu vida aunque no lo pretendas y que si la distancia intenta separar, no puede.
Un reencuentro sigue siendo un reencuentro, se dé en las condiciones que se dé y siempre hay algo de alegría entre tanta tristeza. A pesar de que apareces fugazmente y desapareces; y que la ocasión no era la más propicia para decir estas palabras... tampoco voy a callármelas:
Bienvenida a casa, Aro de Plata.
Ya lo he dicho.
Y por mi parte añadiré que, por esta vez, quédate bajo mi parasol de encaje y no extiendas las alas para cubrirme. Sólo descansa y déjate mimar.
El parasol de una dama puede ser muy ancho... por eso lo comparte.
Guardarse el dolor para uno mismo es como envenenarse con él...